El error que cometen miles de empleadores al contratar personal nuevo

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El grave error que cometen los empleadores al no registrar a sus trabajadores desde el día uno

Hay errores que cuestan dinero. No registrar a un trabajador desde el primer día en que inicia sus labores es exactamente ese tipo de error. Y lo que ningún empleador que lo ha vivido olvida es que el problema nunca valió lo que terminó costando.

Este artículo va directo al grano. Si gestionas personas, si lideras un equipo o si eres responsable de los procesos de incorporación de personal en tu organización, lo que viene a continuación te interesa.

El falso argumento económico detrás de no afiliar a tiempo

La lógica que lleva a algunos empresarios a postergar el registro de sus trabajadores suele tener un componente financiero: si todavía no sé si este empleado se va a quedar, para qué pago aportes ahora. La trampa está en que esa lógica funciona perfectamente si nada malo ocurre, y falla de forma catastrófica en cuanto algo sale diferente a lo esperado.

¿Qué representa económicamente no pagar las cotizaciones de un empleado durante unos días?. Dependiendo del sistema y del salario del trabajador, puede ser una cifra modesta. ¿Y cuánto representa económicamente enfrentar una sanción administrativa, un proceso judicial o la atención médica de un trabajador lesionado sin cobertura?. La diferencia entre ambas cifras es la medida exacta del error.

El primer turno de un empleado ya justifica tener todo en regla

Se instala a veces la idea de que durante el período de inducción el trabajador está suficientemente protegido por la supervisión directa. Todas esas suposiciones chocan con la evidencia de lo que realmente ocurre en los entornos de trabajo. Los trabajadores nuevos son, en la mayoría de los sectores, el grupo con mayor probabilidad de sufrir un incidente.

Un tropiezo en una superficie que no conoce. Cualquiera de esos incidentes puede ocurrir en los primeros minutos del primer turno. Y si suceden antes de que el registro esté completo, la empresa queda expuesta a consecuencias legales y económicas que ningún seguro privado cubre completamente.

Lo que la ley dice y por qué vale la pena escucharla

La legislación laboral en la gran mayoría de los países es explícita en este punto. La afiliación no es un trámite que sigue al inicio del trabajo; es un trámite que debe precederlo o coincidir con él.

Las consecuencias de no cumplir con ese mandato varían según el sistema, pero en todos los casos son significativas. Obligación de pagar retroactivamente todos los aportes no realizados más los intereses generados. En los casos más graves, dependiendo de la reincidencia y la magnitud del incumplimiento, las sanciones pueden incluir restricciones para contratar con el Estado, inhabilitaciones y otras medidas que afectan directamente la operación del negocio.

Más allá de las multas: el daño que no aparece en ninguna factura

Cuando los empresarios piensan en las consecuencias de no afiliar a tiempo, casi siempre piensan en dinero. Pero hay daños que no aparecen en ninguna liquidación de sanción y que sin embargo son absolutamente reales.

Lo que ocurre dentro del equipo cuando se descubre que un compañero no estaba afiliado es un deterioro del ambiente laboral que cuesta más de lo que parece. El equipo siempre sabe más de lo que la dirección cree. Y cuando esa información circula, el compromiso de las personas con el negocio se resiente de formas que no siempre se expresan abiertamente pero que se sienten en el rendimiento diario.

La segunda consecuencia silenciosa es la que afecta la reputación de la organización como empleador en el mercado. En un aquí mercado laboral donde la información fluye y donde los profesionales eligen con criterio creciente dónde invertir su tiempo, la reputación de no cumplir con las obligaciones básicas de seguridad social es una carga que limita el acceso a los mejores perfiles disponibles.

Tres cambios concretos que eliminan el riesgo de una afiliación tardía

La buena noticia es que este problema tiene solución y esa solución es simple.

La transformación fundamental es entender que sin afiliación no hay inicio de funciones, no importa cuántas otras cosas estén listas.

El segundo ajuste es de proceso: diseñar la bienvenida de cada nuevo empleado de manera que el registro en seguridad social preceda a cualquier otra actividad.

El tercer cambio es de responsabilidad: asignar a una persona específica la tarea de verificar que cada nuevo ingreso aquí tiene su afiliación completa antes del primer día.

Registrar a cada empleado desde el momento en que comienza no es una obligación que te pesa. Es, en el obtener más información fondo, la diferencia entre operar con miedo a lo que puede pasar y operar con la tranquilidad de quien hace las cosas como deben hacerse.

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